Llegó el último día de la semana y Owen entró a su casa con el cuerpo rendido de tanto pelear con sus sentimientos, con la preocupación de no poder controlar una situación que tendría que haber sido descartada desde un principio, con la incertidumbre de que un juez cualquiera lo pusiera delante de su hija con una explicación que nunca quiso dar.
Eva lo saludó como siempre y él la tomó en brazos. La abrazó fuerte y olió el perfume dulce de su niña. Era todo su mundo, todo lo que quería proteger