Observaba cómo de las mangas de su saco aún caía algo de agua. Lo miró un poco más y se dio cuenta de que delante tenía un hombre atormentado: salir con esa lluvia, empaparse de esa manera, todo para obligarla a recibir un pago. Sí, definitivamente, estaba muy roto.
Sus hombros bajaron un poco, como resignada. Seguramente, el encuentro con Elena lo había perturbado hasta ese punto.
—Quítate el saco, iré por una toalla —le dijo Anna.
Owen asintió, pero se demoró unos segundos antes de dejarlo so