Cuanto más la observaba, más difícil le resultaba apartar la vista. Quería irse, de verdad que sí, pero estaba atrapado en el momento. Sus pies, como anclados al suelo, se negaban a moverse. ¿Por ese beso?
Anna tenía los auriculares puestos, concentrada en su trabajo; se movía por detrás del escritorio y hasta parecía que tarareaba. No podía apartar la mirada de sus labios, moviéndose suavemente al ritmo de una canción inaudible. Sacudió la cabeza varias veces; no había caso, volvían a posarse