41. Paseo de incertidumbre por Londres.
La respuesta de Olympia no se hizo esperar.
— ¿¡Sorpresa!? —cuestionó cargada de ironía, pero sin negarse a que la rodeara con mis brazos.
—Cómo me alegro de que estés aquí —aseguré mirándola de frente y rozando sus labios con un tímido beso —, ya te echaba de menos.
No me pasó por alto cómo su ceja se levantaba interrogante.
—Bueno, pensé en darte una sorpresa y pasar estos días en la ciudad contigo, pero... —pausó mirando directamente hacia la recepción, donde sabía, me esperaba Gis