Tenía una belleza serena y a la vez una cierta fragilidad fría y distante.
La luz verde se encendió y el coche arrancó.
Al llegar al complejo residencial, cada uno regresó a su vivienda.
Luciana, al entrar a casa, se tumbó en la cama. No estaba cansada, simplemente quería recostarse.
Giró la cabeza y vio en el perchero la chaqueta de Sebastián.
Se preguntó si debería llevársela.
En ese momento, alguien llamó a su puerta. Pensando que solo podía ser Daniela, probablemente queriendo quejarse de su