El ascensor estaba completamente a oscuras.
—¿Qué... qué está pasando? —la voz de Luciana sonaba algo alterada.
Sebastián, en cambio, mantenía la calma e incluso sonaba tranquilizador. —No te preocupes, parece que el ascensor se ha averiado, pero estaremos bien.
Con serenidad, sacó su teléfono para iluminar y presionó el botón de emergencia del ascensor, luego marcó el número de auxilio.
Sin embargo, la llamada de emergencia no conectaba.
Tuvo que guardar el teléfono.
—El botón de emergencia...