—Para nada —Joaquín miró de reojo a Ricardo—. ¿Cuándo me has visto perder la cabeza por una mujer? Solo fue un juego.
Andrés no los soportaba más y se levantó:
—Sigan comiendo ustedes.
—Eh, quédate hasta terminar —Ricardo intentó retenerlo—. Ya sabes cómo es Joaquín.
—Me molesta escuchar esto —dijo Andrés.
—Ya, ya, no hablemos más —Joaquín también sentía que la situación era incómoda.
Bzz, bzz...
El teléfono de Alejandro sonó. Vio que era María y colgó directamente.
Ricardo levantó la barbilla: