¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!
Los fuegos artificiales estallaron en el cielo, con un estruendo ensordecedor que llenaba el aire de alegría.
Eran de los que solo hacían ruido, ya que como era de día, no se lanzaban los de luces; esos se reservaban para la noche.
La novia bajó del auto, acompañada de su padre hacia la iglesia, donde intercambiaron votos y anillos...
Después de la ceremonia, todo el mundo cantó, bailó y celebró hasta pasadas las tres de la tarde. Después de que entregaran los aperitivos, mucho