Capítulo 127
Andrés se quedó viendo las pastillas que ese rubio le ofrecía. Dudaba, pero la imagen de Luciana en brazos de Sebastián le apretó el pecho. Decidido, dijo:

—Las quiero. Pero, ¿sí hacen efecto?

El rubio sonrió, confiado.

—Se nota que no vienes seguido. Son buenas. Si no te hacen efecto, te devuelvo el dinero. Y si no me crees, llamo a alguien para que se tome unas aquí mismo.

Andrés lo miró un momento, respiró hondo y asintió.

—Está bien. Te creo.

El rubio le dio una palmada.

—Hermano, yo soy un
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