Mundo ficciónIniciar sesión—¡Si ese hijo de mil putas alguna vez vuelve a asomarse al sur del Caribe, lo mato!
La mirada de Claudia bastó para interrumpir las promesas de muerte de Miyén. Su amigo resopló enfadado, sus brazos rodeando los hombros y el pecho de Silvia, que había intentado apoyar la cabeza en su hombro y había acabado con la cara contra su pecho, buscando en él el sostén que sus huesos le negaban.
Estaban en Plaza Francia, del lado del cementerio, y a pesar del ruido del tránsito, un soni







