Mundo ficciónIniciar sesiónSean zamarreó a Jim hasta que lo vio tratar de abrir los ojos, fruncir el ceño y cubrirlos de la luz del sol que llenaba la suite.
—Levántate, imbécil. Nos vamos en treinta minutos —gruñó Sean apartándose de la cama.
—¡Mierda! —masculló Jim, aferrándose la cabeza para evitar que se le cayera—. Bajaremos tan pronto ella se vista.
Sean se movía por la suite, recogiendo







