La mañana del encuentro con Max llegó demasiado rápido, y Sofía sentía que su corazón latía con una intensidad que no podía controlar. No importaba cuánto intentara calmarse, la ansiedad la devoraba desde el momento en que abrió los ojos. Se miró al espejo, con el rostro perfectamente maquillado, el cabello recogido con elegancia, su mejor traje. Todo en ella proyectaba control, poder y frialdad. Pero por dentro, estaba hecha un torbellino.
Cada paso que daba hacia aquel encuentro la transpor