Alaia Kendrick
El aire en la habitación no solo estaba cargado por el crepitar de la chimenea que ardía tras la puerta cerrada; estaba cargado de una electricidad estática, un hambre que ninguno de los dos podía seguir fingiendo ignorar. Mis manos temblaban, pero no por miedo, sino por esa anticipación febril que solo él lograba despertar en mis terminaciones nerviosas. Con una lentitud calculada, bajé la cremallera de su pantalón. El sonido del metal deslizándose sonó como un disparo en el s