Alaia Kendrick
El descenso del avión privado fue, para mí, el inicio de una vida que apenas empezaba a reconocer. Nunca había salido de mi ciudad, nunca había visto el mundo desde las alturas y, mucho menos, había experimentado el lujo absoluto que Alexander parecía manejar como si fuera el aire que respiraba. Cuando las puertas de la aeronave se abrieron, una ráfaga de aire puro, gélido y limpio nos golpeó el rostro. La pista no estaba en un aeropuerto comercial era una pequeña franja asfalt