El hombre se movió con esos ademanes exquisitos adquiridos en el viejo continente de los que se vanagloriaba con frecuencia y se sentó en la mesa del bar, mostrando su repugnancia por el líquido derramado sobre la mesa proveniente del vaso frío que acababa de alzar.
—Ya estoy aquí —dijo con altanería y Franco sonrió al advertir su nerviosismo.
—Quiero que asistan a la reunión.
—No sé a quiénes se refiere al hablar en plural, señor.
—Deja la formalidad, George. Eres como un padre para mí, pero…