A Livia le parecía insólito que todos actuaran como si nada, como si del salón de al lado no se hubiesen llevado dos cuerpos inertes de los hombres con los que compartieron negocios y vivencias durante años. Ella misma recordaba a ambos y aunque la habían traicionado y quisieron acabar con ella, no podía dejar de sentirse culpable por haberles arrebatado sus vidas.
Le temblaban las manos desde que Darío y Franco le entregaron las cabezas que le habían prometido.
Marco la miraba desde el otro