La camioneta aceleró por la zona del hospital donde hacían entregas de suministros y maquinaria mientras Franco iba sentado atrás, refunfuñando al mirar a Livia en el asiento del copiloto. Ella llevaba una sonrisa satisfecha al haber simulado que se quedaría junto a él antes de cruzar como una chiquilla adelante. Goran iba sonriendo como un niño, celebrándole su actuación, sin sospechar que el suizo se estaba planteando devolverlo a Eslovenia por insidioso.
Los nervios lo atenazaron de nuevo al