—Sparrow.
—Jefe.
—Escúchame un momento.
—Lo estoy escuchando. Y la respuesta sigue siendo no.
Le expliqué en qué consistía la reunión y por qué no podía faltar. También le hice entender, con toda la paciencia del mundo, que la amenaza contra mi vida no podía paralizar por completo las operaciones de la empresa más grande del país.
Sparrow guardó silencio durante un buen rato.
—Está bien —cedió al fin, con el tono de alguien que pensaba echarme en cara aquella decisión más adelante—. Pero pondré