—No me molesta llevar al hombre de mantenimiento a mi habitación —dijo Celeste—. Pero espero que tanto misterio valga la pena.
—Te aseguro que sí —respondí.
También quería elegir bien el momento. Temprano por la mañana, antes de que la casa terminara de despertarse, cuando ambos estuviéramos despejados y todavía nos quedara todo el día por delante para ocuparnos de lo demás.
Un hombre disfrazado que apareciera al mediodía levantaría sospechas. Pero un hombre de mantenimiento que llegara a las si