Perspectiva de Celeste
Apenas crucé la puerta, me llegó el olor. Sexo y sudor. Ese aire cargado que queda cuando dos personas acaban de estar juntas. Lo conocía bien. Durante mucho tiempo, había vuelto a casa oliendo así, cuando todavía era tan ingenua como para confiar en Julian.
Miré a Seraphine, sentada en mi sofá, y luego a Julian, parado junto a la entrada de la cocina con aquella expresión de falsa preocupación. No necesitaba que nadie me explicara lo que habían estado haciendo mientras yo