Por la mañana, Vittoria estaba desvelada, pero su corazón latía apresuradamente lleno de esperanza. Esperó hasta que Greta viniera a su habitual rutina de aseo diario y cambiarla de ropa, afuera Giorgia y Carlo apenas se levantaban para tomar el desayuno.
— Mi niña, le he traído algo sólido para comer, usted se ha estado alimentando muy mal y ha perdido mucho peso, necesitará fuerzas si quiere salir de aquí... también he elegido algo deportivo y muy cómodo para que se ponga, le traje un poco de