— No te quedes ahí parada Vittoria, ven, vamos a nuestra habitación…
Cuando Carlo mencionó la palabra “habitación” junto a “nuestra” en la misma oración, a Vittoria se le hizo un nudo en el estómago, ¿Él no pretendería que compartiera la cama con él?, ¿O sí?
— ¿Vienes? — Él insistió.
— No te conozco, ¿Recuerdas? Solo estoy aquí porque los abogados del hospital dijeron que habías comprobado que eres mi esposo, pero ni creas que actuaré como si yo lo recordara, porque en lo que a mí concierne, tú