— ¡Buenos días! ¡Buenos días! —Escucho que alguien alardea dentro de mi habitación—. ¡Es hora de levantarse bella durmiente!
Meto mi cabeza bajo el cobertor y lo uso como un escudo para que sea quien sea la persona que ha venido a molestar, me deje en paz y se largue.
—Oh, vamos, cariño. No seas perezosa y mueve ese lindo culo que tienes —lo sentí palparme a tientas por encima de la tela mullida—. Hoy es un día esplendido. Perfecto para una sesión de fotos.
Abro los ojos al tino sin descubrir m