Nunca he tenido nada he contra de los días lluviosos; tampoco son mis favoritos, pero justo hoy he comenzado a detestarlos.
—Nos hemos pinchado.
Gruñí al escuchar la certeza de Mike luego de maniobrar el auto bajo la lluvia incesante para no derrapar y estrellarnos.
— ¡¿Hablas en serio?! —Dije metiéndome entre los asientos delanteros; él se cohibió y se quedó paralizado ante mi proximidad, hasta que reacciono desviando su mirada con un asentimiento—. ¡No puede ser! ¿No puedes hacer nada?
—Puedo