— ¡Ya basta, por favor! —Grite desesperada mientras ellos se golpeaban como unos dementes—. ¡Deténganse!
Pero era inútil, mi voz no se hacía escuchar y parecía que ninguno de los dos tenía ganas de parar. Mike tenía una ceja rota de la que brotaban varios hilos de sangre, al igual que un corte en su pómulo izquierdo. Por otro lado Kenneth tenía la boca llena de sangre; no estoy segura si es propia de su boca o de su nariz.
Contengo un grito, más alarmada que antes cuando veo como ambos caen al