Un hueco se abre en mi estómago al conocer al fin a esta mujer por la cual conocí aquella tarde a Kenneth. Ella se incomoda al ver que no le devuelvo el gesto y torciendo la boca, retira su mano.
—Kenneth, ¿se encuentra aquí? —Insisto en lo que me interesa y ella se encoge de hombros.
—Eh, sí. Esta es su casa —dice sin más y vacila un segundo—. Pero no estoy segura de que puedas hablar con él ahora.
— ¿Por qué no?
—Porque él está un poco indispuesto en este momento —ambas miramos hacia en el in