—Llévame contigo, lejos de aquí —es lo primero que digo al encontrarme con Mike cruzado de brazos, recostado de su viejo auto.
Me mira confundido, pero asiente.
— ¿Estas bien? —Me pregunta mientras me abre la puerta y un sabor amargo se hace presente en mi paladar.
Estoy comenzando a odiar esa maldita pregunta.
—No, no lo estoy —lo miro indiferente ante su preocupación por mí—. Y creo que nunca más estaré del todo bien.
Termino de subirme al asiento de copiloto, cierro la puerta sin su ayuda y