Estamos a principios de invierno por lo que no es extraño que últimamente llueva con tanta frecuencia en Melbourne; justo ahora veo como chocan las gotas de lluvia contra las ventanas de cristal de la cafetería a la que me ha traído Mike. Es un lugar sencillo y un poco sucio, la verdad, pero no me molesta porque cuando son casi las tres de la tarde, no hay nadie en el lugar.
Mi pierna pica a través de la tela fina de mi leggins negro y todo gracias a que el asiento que ocupo está un poco raído,