Desde que llegue a Londres hace siete meses, mi celular se ha mantenido oculto y fuera de servicio dentro de una de mis maletas. Cuando partí de Australia, mi bienestar emocional pendía de un hilo muy fino y seguir en contacto con el mundo amenazaba con romper ese hilo, pero el tiempo paso y ese lazo se fortaleció y volvió a ser firme, aunque no inquebrantable.
Hoy en día puedo decir que me siento de nuevo en control de mi misma, de mis emociones y de las cosas que suceden a mí alrededor; no co