Sebastián se tensa de inmediato al oír la voz de la mujer que le destruyó la vida.
—¡No quiero escucharte!
—no me importa, debes escucharme, soy tu salvación— María sonríe, le gusta tener el control
—¿Por qué mentir, María? ¿Cómo pudiste decir tantas mentiras? ¡Por tu culpa llevo un mes encerrado!— gruñó con desesperación, Sebastián
—lo siento cariño— sonríe ella silenciosamente
—¡¡No me digas cariño!! Cómo te desprecio María
—tenía que recuperarme, aunque ya sanó las heridas, necesitaba ven