New York - Usa.
Alma dejó a Alexa en la escuela, y justo cuando se disponía a subir a su auto, alguien la tomó de la mano, de inmediato el escolta que la acompañaba por seguridad se puso alerta.
La chica giró para mirar a la persona que la tocó, frunció el ceño, rodó los ojos, y bufó.
—¿Qué quieres? —cuestionó a Oliver, luego miró a su custodio—, todo en orden.
—Necesitamos hablar —dijo él, la miró a los ojos.
Alma negó con la cabeza.
—Yo no charlo con cobardes —gruñó agitada—, pero tranq