El sonido del móvil, sumado a los murmullos de la gente afuera de la hacienda obligó a Alex a abrir los ojos. Giró a su alrededor y se dio cuenta de que su hija no estaba a su lado, enseguida se puso de pie para buscarla, pero antes de que saliera de la alcoba, su madre ingresó con la niña de la mano.
—Buenos días, cariño —expresó Alba, y se acercó a besarle la mejilla.
—Hola, papi —dijo la pequeña—, desayunamos delicioso, la señora bo…—pausó—. Dalia preparó una comida exquisita —añadió Alexa