Cuando la mirada llena de confusión de Alejandro se clavó en ella, Lola sintió que el piso de la casa temblaba bajo sus pies, y que de un momento a otro desfallecería, de no ser por la oportuna intervención de la señora Duque.
—Ella es Dalia, cariño —le habló con dulzura a Alexa—, creo que te estás confundiendo de persona —le dijo a la niña y le acarició el cabello—. Ella es una antigua amiga mía, y ahora nos colabora con la publicidad de nuestros producto —expuso y miró a su sobrino.
María