Alexa con sus pequeños dedos desgarraba el papel de regalo abriendo los obsequios que sus abuelos y tías le habían llevado.
—¡Es preciosa! —susurró Alba a Santiago.
—Se parece mucho a ti —comentó él.
Alba liberó un suspiro y contempló a la niña, mientras Alma y Aurora le ayudaban con los presentes.
—¿En dónde están Lola y Emma? —cuestionó Alba a su hijo.
Alex resopló, bebió un poco de agua, y de inmediato procedió a contarles lo ocurrido con la hija de su novia.
—Es un golpe bajo —refirió