María Dolores se encontraba en su oficina, miraba con atención las imágenes que Carter le mostraba; sin embargo, su mente se hallaba ausente, pensaba en una sola cosa: Alex, y ese sentimiento de intranquilidad que tenía desde que se marchó a visitar a Jacqueline.
—Pondremos unos sofás aquí, y en la mesa de centro una especie de chimenea artificial —señaló con su mano, mientras se acercaba demasiado a Lolita, e inhalaba su exquisita fragancia a lirios.
María Dolores parpadeó, y se sintió incóm