A la mañana siguiente, justo a la hora anunciada, Tiberius tocaba a la puerta del apartamento de Raffaella, ella abrió enseguida, dando a entender que esperaba por él, lo cual le hizo emitir una ligera sonrisa, antes de saludarla.
–Buenos días Raffaella, ¿tuviste una buena noche?
–Buenos días señor Wellington, sí, dormí muy bien, gracias –respondió mientras salía, cerraba la puerta y su aroma floral invadía las fosas nasales de Tiberius, quien aspiró y cerró los ojos un