El CEO mantuvo una lucha interna por bastante rato, se decía a sí mismo que no debía indagar más, que ya todo estaba claro, Raffaella habló de noviazgo, así que era novia del tal Mateo, no debió salir de Dinamarca sin ella, se confió y ahora la tenía en Nueva York sí, pero con un anillo en su dedo que le puso otro hombre.
–¿Cómo está la señora Evana? –escuchó de pronto y tuvo que abandonar sus cavilaciones.
–Está bien, pero muy atareada con la reconstrucción del edificio