Evana no respondió de inmediato, se quedó mirándolo, reconociéndolo y reflexionando sobre su comportamiento ahora, sobre la forma en que quería estar presente, suspiró largamente sin atreverse a hablar porque temía decir algo que la delatara, porque ya no veía arrogancia en él, veía anhelo, además de ese atractivo irresistible que ya una vez la hizo caer.
Tuvo que traer a su memoria su vida con él, las ocasiones en las que se acercó a ella solo para satisfacer sus necesidades, la horrible noche