Ante la mirada interrogante de Analía, los gemelos le narraron, sin omitir ningún detalle, la conversación que habían sostenido con la enfermera, lo primero que hizo la nana fue pasarle seguro a la puerta, luego revisó las ventanas cerciorándose de que estaban bien cerradas, estuvo tentada a llamar a Tiberius y luego de unos segundos de duda, decidió hacerlo.
–Aló –escuchó la voz recia al otro lado.
–Señor Wellington, soy Analía.
–¿Analía? ¿Sucedió algo?