Lo siguiente que se escuchó fue un estruendo que ensordeció y aturdió a Sergio, quien fue sometido por unos hombres, él se recuperó pronto y forcejeó, pero escuchó una voz conocida.
–Sabíamos que no resistirías y le avisarías. Ahora eres cómplice de su conspiración.
–Están equivocados, déjenme demostrárselo.
–¿En serio? ¿Tanta fe le tienes a ese hombre arrogante, frio e intratable?
–Ustedes pongan el tiempo, yo me encargo de demostrarles su error.