La mañana avanzaba y un incansable Adrián yacía junto a una agotada Olivia, quien casi al borde del desfallecimiento respondía gimiendo quedamente cada vez que él la besaba.
–Te dejaré dormir un poco, aunque has despertado un monstruo adicto a tus labios, a tus pechos, a tu delicioso centro, no sé si podré resistirme a ti mucho rato.
–Hazlo por favor, déjame descansar porque si volvemos a hacerlo me desmayaré.
Adrián sonrió ante su declaración, pero con ternura la acercó