Una camarera se acercó y le prestó ayuda, Adrián decidió regresar a su suite para pedir desayuno a la habitación y cambiarse de ropa. Desde siempre viajaba con un botiquín de primeros auxilios preparado por su madre Evana, así que sabía que tendría alguna crema que le aliviaría la lesión, al fin y al cabo, no era tan grave porque el saco que llevaba cerrado amortiguó lo caliente de la bebida.
–¡Señor Remington! –llamó un hombre uniformado cuando salió del hotel.
–Sí, soy