A la hora de dormir Tiberius abrazó, como siempre a Raffaella, pero ella estaba como ausente y él enseguida lo notó:
–Estás tensa bella mía, ¿quieres un masaje?
–Gracias amor, estoy pensando en nuestra hija y espero que haga caso y se aleje de ese hombre; la hemos educado con mucho amor y toda la confianza que se merece, pero sé muy bien que cuando las jóvenes se enamoran mienten.
–Y yo espero que solo se haya ilusionado con ese delincuente y no esté enamorad