Raffaella se sintió acorralada entre la pregunta de su abuela y la mirada inquisitiva de su amiga Anastasia, buscaba en su mente algo para decir que no implicara descubrir el cúmulo de sentimientos que se agolpaban en su pecho con solo nombrar a Tiberius.
Le temía tanto como anhelaba que se acercara y le hablara como solo él sabe hacerlo, para estremecerla, para enervarla, para hacerla sentir como si con un solo toque pudiera hundirla en un profundo abismo.
–Cada vez que te lo he me