Cada paso que daban por el pasillo era más pesado que el anterior. La manija de la puerta vibró suavemente, luego se giraron y una mano se aferró al marco mientras la figura empujaba la puerta.
—¿Señor Santiago? —Podían oír la respiración agitada, como la de alguien que había corrido una maratón.
Santiago y Casio se giraron al unísono. Jack estaba en el umbral, con el pecho agitado y los ojos muy abiertos. Su mirada recorrió la habitación rápidamente: los muebles volcados, la sangre en el suelo