Casio se giró al oír el sonido.
Santiago ya se estaba desplomando.
Primero le cedieron las rodillas, luego el resto del cuerpo, todo a la vez, y el suelo soportó todo su peso con un fuerte golpe que recorrió la habitación. Un sonido quebrado escapó de él, algo entre un gemido y un jadeo que no llegó a salir del todo, y su cuerpo se encogió sobre sí mismo, apretando con fuerza ambas manos contra el pecho como si pudiera contener lo que estuviera sucediendo dentro solo con la fuerza.
—¿Moreno? —l