Serena se zafó con dificultad hasta liberarse del agarre de Adrian.
—Adrian, ¿te has vuelto loco? —tosió, buscando aire desesperadamente—. Solías ser tan sensato. Prometiste que siempre me protegerías. ¿Y ahora, por esa chica de poca monta, quieres verme muerta?
Adrian se rió con amargura.
—¿Me lo preguntas a mí?
Sonaba ridículo. Era ridículo.
—Te convertiste en un monstruo, Serena. La Serena que yo conocía nunca me amenazaría con Elena. Eres un monstruo. —Se pasó una mano por la cabeza—. Y ni