Manuel sintió la rabia golpearlo con fuerza, como si un torrente de lava ardiente recorriera su cuerpo.
Sin embargo, en medio de esa tormenta interna, una sonrisa se dibujó en su rostro.
No iba a dejar que su hermano ganara. No está vez.
—Ah, hermanito —dijo con un tono burlón, tratando de ocultar la tormenta que se desataba en su interior—, no te preocupes por eso. Si eso llega a pasar, me encargaré de borrar tu nombre de sus labios. La besaré con tanta pasión que no le quedará aliento para hab