Martín tambaleó, apenas logró mantenerse en pie antes de dejarse caer en un sillón.
Murmuró algo incoherente, un gruñido entre cansancio y rabia, y en cuestión de segundos se quedó dormido, con el rostro desencajado, oliendo a alcohol.
Fely lo miró desde la distancia, con los brazos cruzados, apretando los labios para no llorar.
Lo había visto así muchas veces, pero esa noche sintió una rabia contenida que ya no sabía cómo sostener.
—Cobarde… Mereces ser un pusilánime, no eres ni la mitad de hom