Tres meses después
Victoria estaba locamente enamorada de Liam. A su lado, sentía que no se le había negado nada: ni el corazón de él, ni su cuerpo. Una noche, Liam la llevó a su departamento para una cena romántica a la luz de las velas.
-¡Amor, qué romántico! -exclamó Victoria, emocionada.
-Esto no es nada comparado con lo que mereces -respondió Liam antes de besarla con pasión.
Él la miró fijamente a los ojos, con una intensidad que casi quemaba.
-No sé qué me pasa contigo, pero te